Cómo montar un PC gamer con Linux

Linux lleva con nosotros más de 20 años, y si bien hoy en día sigue sin ser un sistema operativo muy expandido entre los usuarios de escritorio, lo cierto es que poco o nada tiene ya que envidiar a otros sistemas operativos como Windows o Mac OS X.

Ni siquiera en un apartado tan criticado para Linux desde siempre como lo es el de los videojuegos, pues especialmente desde la llegada de Steam, se han dado grandes pasos al respecto para lograr que el sistema operativo del pingüino pueda llegar a ser una plataforma viable para los fans de los videojuegos.

Eso sí, el soporte para hardware, por desgracia, no siempre es el deseado debido al poco interés de algunos fabricantes, motivo por el cual si deseamos montar un PC gamer con Linux tendremos que mirar hasta el más mínimo detalle de todos y cada uno de los componentes que lo conforman, si es que queremos tener una experiencia satisfactoria y sin problemas derivados de un mal soporte de hardware.

Por ello, hoy vamos a ver cómo podemos montar un PC linuxero para gaming que podamos utilizar para jugar sin mayores complicaciones y al mismo tiempo sin tener que realizar un gran desembolso. El coste total del equipo es de 494€ al momento de escribir estas líneas, siendo un equipo orientado a aquellos que quieran jugar en Linux sin pretensiones de hacerlo con chorrocientos filtros y calidades máximas. En el caso de que sí tengáis estas pretensiones, ya habría que realizar un desembolso superior en otros componentes.

Eligiendo el hardware para nuestro PC gamer Linux

Siendo un PC con un coste comedido, he querido mantener unos componentes de calidad que permitan jugar con unos niveles mínimos y que además, como no, ofrezcan una buena compatibilidad con el común de las distros de Linux. Además, los componentes han sido todos seleccionados de PcComponentes, una tienda con la que siempre he tenido buenas experiencias y que además mantiene unos precios bastante aceptables.

Para empezar, el procesador seleccionado es el Intel Core i3-4160 a 3.6Ghz, pues es un procesador que con un precio relativamente comedido ofrece un rendimiento más que aceptable para lo que lo vamos a utilizar y podemos tirar sin problemas del ventilador de stock. Hay opciones más potentes, pero claro, ahí ya entramos en un rango de precios superior.

La placa base elegida es la GIGABYTE GA-H81M-S2H, una placa base bastante básica y sin ninguna particularidad que destaque especialmente en lo que a gaming se refiere, pero más que suficiente para el proyecto de equipo gamer linuxero que nos llevamos entre manos. Siempre podemos aumentar el presupuesto y optar por placas más completas, como es el caso de la GIGABYTE Z97M-D3H, pero para el equipo que estamos montando considero que es más que suficiente.

La GPU elegida para la ocasión es la GIGABYTE GeForce GTX 750 Ti OC 2GB GDDR5, una gráfica que con un precio bastante comedido nos ofrecerá el suficiente rendimiento para disfrutar sin problemas de prácticamente cualquier juego disponible para Linux, a lo que hay que sumar que el rendimiento de los controladores gráficos de NVIDIA en Linux es superior al que ofrecen los de las gráficas AMD.

En cuanto a disco duro, no siendo éste una parte crucial para un buen PC para juegos, he elegido un Western Digital Caviar Blue SATA3 de 1 TB, que a no ser que queramos instalar cientos de juegos, ofrece un almacenamiento suficiente para cualquier jugador medio. Obviamente, si adquiriéramos un SSD el rendimiento sería notoriamente superior, pero también aumentaría el precio final y no estaría acorde al tipo de equipo que he querido diseñar con este artículo.

La memoria RAM viene de la mano de G. Skill y sus Ripjaws X DDR3 1600 PC3-12800 8GB (2x4GB) CL9, que nos proporciona por un precio comedido una cantidad más que suficiente para unos años.

La fuente de alimentación elegida es una Tacens Radix VII AG 600W, que cumple de sobras para nuestro equipo linuxero y además viene con la acreditación 80 Plus Silver, que siempre es una garantía de fiabilidad.

Finalmente, todo ello vendrá conjuntado dentro de una caja Corsair Carbide. Hay opciones más económicas que podrían cumplir sin problemas, pero la Corsair Carbide nos permite una buena ventilación, situar la fuente de alimentación en la parte inferior trasera y además, es bastante bonita (aunque aquí ya entramos en materia de gustos).

Instalar el software

Lo primero que tenemos que tener claro es cuál va a ser nuestro sistema operativo, y en este caso considero que el más óptimo para cumplir con dicha labor es Ubuntu 14.04 LTS, por su buen soporte de hardware, compatibilidad con el cliente de Steam y por su soporte LTS, que garantiza actualizaciones durante unos buenos años.

También cabe destacar que siendo Ubuntu una de las distros más populares del mundo, quizá la que más, no nos será muy difícil encontrar ayuda ante cualquier tipo de problema que podamos llegar a tener con este sistema operativo.

Lógicamente, podemos utilizar prácticamente cualquier distribución con buenos resultados, ahí ya entran los gustos de cada uno. Mención especial también para SteamOS, el sistema operativo de Valve dedicado por completo a Steam, por lo que es de esperar una gran compatibilidad con esta plataforma y sus juegos. Por desgracia, al momento de escribir estas líneas sigue estando en fase beta, por lo que recomendaría optar por Ubuntu en su lugar, al menos hasta que sea lanzada una versión estable.

Una vez instalado Ubuntu (no creo que sea necesario explicar el proceso), procederemos a utilizar los controladores propietarios de NVIDIA activándolos desde el menú de “Controladores Adicionales”, que podemos encontrar dentro de “Orígenes del software”. Los drivers open source podrían llegar a rendir de forma equivalente en algún que otro juego, pero los propietarios ofrecen por regla general un mejor rendimiento en juegos.

Para finalizar, tan solo nos quedaría descargar el cliente de Steam para Ubuntu, instalarlo e iniciar sesión con nuestra cuenta (o si no tenemos, crear una) para posteriormente descargar e instalar cualquier juego para comprobar que el rendimiento de nuestro nuevo equipo es el esperado, que si todo ha ido bien, debería de ser más que satisfactorio.

Conclusión

Como hemos visto a lo largo de este artículo, el viejo mito de que jugar con Linux no es posible ha pasado a mejor vida, pues aunque por el momento quede en clara desventaja con Windows en este aspecto, cada vez son más los juegos disponibles para Linux, los drivers gráficos mejoran día a día (unos más que otros…) y la irrupción de Steam ha posibilitado que muchos de los mejores juegos de los últimos años hayan llegado a los dominios de Tux.

Por lo tanto, todos aquellos que no hayan querido darle una oportunidad a Linux por no poder jugar a ningún juego comercial tendrán que tachar éste de su lista de motivos para no realizar el cambio.

Linux ya no es aquel sistema inhóspito y para frikis de los años 90, y a día de hoy es incluso capaz de competir en un territorio que siempre había sido propiedad única de Windows, como lo es el de los videojuegos pata PC.

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